| Aspecto final del Carpaccio |
Entonces el gusto se decide, los dientes se ponen en movimiento, la lengua acompaña al paladar con objeto de percibir sabores, y pronto el estómago dará principio a la asimilación. En tal estado experiméntase una languidez desconocida, los objetos parecen sin color, dóblase el cuerpo, ciérranse los ojos, todo se desvanece y los sentidos entran en reposo absoluto. Al despertar, el hombre ve que alrededor suyo nada ha cambiado; sin embargo, en su seno arde y fermenta fuego misterioso; se ha desarrollado un órgano nuevo y advierte la necesidad de compartir su existencia. Sensación semejante, en tales momentos siempre activa, inquieta e imperiosa, es común a ambos sexos;los aproxima, los une y después, ese par de individuos pueden dormir tranquilamente, porque han cumplido la obligación más sagrada, asegurando la continuidad de la especie.
Brillat-Savarin - Fisiología del gusto
Así aparecen los pueblos primitivos, que descubren del fuego, empiezan a cocer con la invención de las vasijas, estabulan el ganado, empiezan a usar la sal natural, a fabricar hidromiel y las primeras cervezas. La comida y el concepto de sacrificio en las religiones. La historia de la cocina, que empieza a tener memoria documental desde el antiguo egipto, donde nacen los banquetes : “se lavaban las manos y pies, los músicos tocaban la lira, las danzarinas regateaban por entre las mesas y al final, saciados los cinco sentidos, se enseñaba a los comensales un esqueleto para incitarlos a “cortar las rosas de la vida” mientras tuvieran tiempo. Los griegos, entre los que Aquiles agasaja a Ulises con el invento de la brocheta: unas carnes de lomo de cierva y de cabra y un espinazo de cerdo que ensarta con un pincho. Ya existían las aceitunas en Kalamata y su aceite, e inventaron el plato único obligatorio: la “sopa negra”, compuesta de sangre y carne de cerdo aderezada con sal y vinagre. Y que no hemos cambiado tanto en los últimos dos mil quinientos años lo demuestra que ya un tal Arquestrato hacía guías gastronómicas (en hexámetros ,eso sí) y aconsejaba “comer las carnes poco hechas con su propio sabor, sin adulterarlo de demasiado aceite, queso o grasa” .Tampoco faltaban los cocineros “estrella”, con tanta autoridad que “los errores del cocinero los paga el flautista”. Los sibaritas de Sybaris permitían a los cocineros patentar sus recetas .Platón demostró que las comilonas también servían para la más alta reflexión especulativa y en el Banquete habló del amor y sus sombras. Hacían una especie de morteruelo llamado myma, para aprovechar las carnes cocidas. Griega es también la palabra anfitrión, de Amphitryon, mítico rey de Tirinto que ofrecía a sus huéspedes lo mejor que tenía, incluso a su propia esposa Alcmena, tan hermosa que enamoró al mismo Zeus, que bajó a la tierra y adoptó el aspecto del marido ausente para engañarla.
Manuel Vázquez Montalbán - Contra los gourmets
Vamos hoy con una receta sana, sabrosa y sencilla, de origen mestizo y apta hasta para días de vigilia.
Grado de dificultad : Pescar el "Campanu"
Ingredientes:
| Salmón fileteado y salpimentado |
- Lomo de salmón fresco
- Zumo de limón
- Pimienta blanca
- Sal
| La especia fundamental |
- Aceite de oliva virgen
Manos a la obra:
1 - Poner a John Di Martino jazzeando el beatleriano "Yesterday".
2 - Mantener durante una hora un lomo de salmón en el congelador a fin de que endurezca y favorezca el posterior fileteado fino del mismo.
3 - Filetear el salmón lo más fino posible.
4 - Recubrir las lonchas de salmón con zumo de limón durante 30 minutos.
5 - Eliminar el limón, disponer el salmón en una bandeja, salpimentar, espolvorear con eneldo, servir y a ...............¡¡¡triunfaaaaar!!!