Mostrando entradas con la etiqueta Chick Corea. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Chick Corea. Mostrar todas las entradas

martes, 28 de octubre de 2014

Picantones rellenos asados




Hierbas olvidadas 

Las plantas en la cocina siempre me han interesado, porque definen y asocian los perfumes con el entorno geográfico. En el Mediterráneo, hablar de hierbas en la cocina es oler a hinojo, albahaca, tomillo, romero, salvia, laurel, acedera, perejil, orégano… y un sinfín de plantas aromáticas que dan personalidad a los platos.

Aprender a cocinar es aprender a condimentar. Así, por ejemplo, uno tiene que reconocer los diferentes tipos de menta o tomillo que puede encontrar, para conseguir que una determinada preparación culinaria pueda resultar más o menos exótica. Ahora bien, las hierbas tienen que emplearse siempre con moderación, pues su potencia acaban por dominar en las salsas o asados.
Desde la aparición del Homo sapiens hasta nuestros días, se dice que la historia puede dividirse en tres épocas: la primera, la de los cazadores y recolectores; la segunda sería la de la agricultura; por último, la etapa actual, en la que se combinan la agricultura con la industria, iniciada hace menos de cuatro siglos. Las hierbas se han consumido desde la primera época, han sido importantísimas para la medicina, además de para la cocina. En verano es una maravilla tomarse unas tisanas bien frías a base de tila, escaramujo, manzanilla, toronjil, bergamota, mejorana… Aparte de sus virtudes refrescantes, ayudan a la digestión.
En mi entorno del Montseny se puede encontrar acedera salvaje, que es ideal para realizar salsas, mientras que el diente de león se encuentra en los márgenes de los caminos prácticamente todo el año. En cuanto a la hierba luisa, que es una de mis preferidas para perfumar cremas dulces y granizados, no hay masía que no tenga en sus aledaños unas buenas matas de esta hierba tónica y estomacal. El hinojo en flor abunda en este mes de agosto. El orégano está precioso y la manzanilla en viñedos y torrentes escasea, pero es excelente.          
Conseguir borraja salvaje es imposible a menos que uno mismo salga a recolectarla, al igual que las ortigas, que se pusieron de moda en los restaurantes gracias al cocinero Pedro Subijana, del restaurante Akelarre, que preparaba con ellas salsas y sopas en su restaurante de Donosti. El cultivo de algunas hierbas, en cambio, se ha extendido entre nosotros, como el perifollo, originario del sur de Rusia, que poco a poco se ha introducido en nuestras cocinas por influencia de las nuevas generaciones de cocineros; con sus semillas oleaginosas incluso se puede elaborar un aceite.
Las hierbas están en todas partes; necesitaríamos una enciclopedia para reseñar sus virtudes, desde las ratafíad caseras a los licores, como el Chartreuse de su los monjes cartujos, elaborado con múltiples hierbas entre las que figura el cilantro. ¡Qué increíblemente sabrosos son los enojos silvestres cuando están tiernos! Y, ¡qué bien combinan con una ensalada de berros! Me viene a la memoria ensalada de hierbas y verduras de Michel Bras en Laguiole, en pleno Macizo Central francés; en la región de l'Aubrac, su plato de "gargoillou" es todo un poema. Vale el viaje.
Santi Santamaría - Palabra de cocinero

Vamos hoy con una receta sencilla, y para no variar accesible a cualquier osado. Al no disponer de piezas de caza, una pena, hay que conformarse con unos humildes picantones que resucitan a un muerto.

Grado de dificultad: No confundir picantones con viejos verdes.

Ingredientes:

Alguno ingredientes
- 2 picantones
- 2 pellizcos de romero
- 2 pellizcos de salvia



Hierbas y especies
- 2 pellizcos de pimienta rosa
- Un puñado de frutas secas (pasas, orejones, ciruelas).
- 2 Manzanas 
- 2 cucharadas de azúcar moreno
- Sal y pimienta al gusto
- Aceite de oliva virgen


Un chorro aromático
- Un chorro generoso de ron añejo
- Un cordel

Manos a la obra:
1 - Poner a Chick Corea y Gary Burton jazzeando "Eleanor Rigby" de Lennon/McCartney.
2 - Rellenar con las especias: romero, salvia, pimienta y fruta seca.


Operación atado
3 - Con hilo de cáñamo o similares atar los picantones para que no pierdan la forma; se sujeten las alas y patas al cuerpo.
4 - Cerrar el hueco por donde se rellenaron.


Listos para hornear

5 - Salpimentar uno por uno y saltear en aceite caliente hasta que estén dorados.
6 - Cuando estén dorados retirar del fuego y reservar. 
7 - En la sartén donde se doraron, desglasarcon 1/2 taza de ron añejo y bañar los picantones con esta salsa.
8 - Introducir en el horno a 200 ºC durante 45 minutos con las manzanas peladas y espolvoreadas con azúcar moreno.
9 - Transcurrido este tiempo, sacar del horno los picantones, desprender la cuerda y rociar con la salsa del asado acompañados de las manzanas como guarnición.
10 - Servir, y a...........................¡¡triunfaaaaaaaaaaaaar!!!

sábado, 11 de enero de 2014

Arros càldós con almejas y algas Wakame


Aspecto del arròs caldós

La cocina erótica
En muchas ocasiones me han preguntado si alimentos como las ostras o las trufas despiertan el apetito sexual.  ¿Qué hay de verdad en ello? En su divertido "Tratado de culinaria para mujeres tristes", Héctor Abad afirma rotundamente que los afrodisíacos no existen. Así pues, no hay que buscar el deseo por medio de la gula. Algunos ignorantes hablan de las milagrosas propiedades de los frutos de la pasión. ¡Patrañas! O la pasión viene sola o no viene. Y créanme, si no llega espontánea, no la fuercen con pócimas: o surge sin esfuerzo o no valía la pena. Sin embargo, Abad reconoce que algo se puede hacer con la comida que favorezca los placeres del tálamo. En primer lugar, para desatar el apetito sexual, no hay nada mejor que saciar el apetito de comer: "come con apetito y observa el apetito de tu amigo, sin olvidar las palabras de una sabia matrona florentina: desganados en la mesa, desgranados en la cama". El rey Salomón, en el Cantar de los cantares, compuesto, según algunos, para la Reina de Saba, escribe así a la esposa ideal: "como panal de miel destilan tus labios, oh esposa: miel y leche hay debajo de tu lengua y el olor de tus vestidos, como el olor del Líbano". Evoca Salomón la virtual afrodisíaca de determinadas plantas: "las mandrágoras han dado olor y a nuestras puertas hay toda suerte de dulces frutos, nuevos y añejos que para ti, oh amado mío, he guardado".
La elaboración de bebedizos para estimular el instinto sexual ya la practicaban las prostitutas sagradas del templo de Milita, la Venus babilónica, de las que habla Herodoto. También tenemos noticia de los filtros que confeccionaban las "hierólidas", dedicadas al culto de Afrodita en la fortaleza de Corinto, que según Estrabón se entregaban al amor de los visitantes. De todo ello nos da cuenta el libro "De cocina erótica"(1983) del doctor Manuel Martínez Llopis, médico especialista en nutrición a la vez que profesor de gastronomía e historia de la alimentación. En esta obra encontramos referencias al erotismo en la cocina griega, la Zromana, la hindú o la china, y comprobamos la notable presencia de los afrodisíacos en la cocina del Islam, así como las propiedades eróticas atribuidas a algunos productos traídos del Nuevo Mundo, entre los que destaca el cacao.
Otro de los numerosos autores que han abordado el tema, E.C. Izzo en la Cocina exótica, insólita, erótica (1970), se muestra tajante: la cocina erótica no existe. Podemos hablar de platos estimulantes y reconstituyentes, lo que nos traslada al origen mismo del oficio de restaurador, ya que los primeros restaurantes de Francia ofrecían caldos reparadores para el cuerpo. Pero más allá de dichos efectos reparadores, la medicina actual nieega la existencia de alimentos que pudieran estimular el apetito sexual. Otra cosa, insisto, es lo que dijeran y digan las antiguas medicinas o las creencias populares. Personajes tan cultos de la ilustración como el gran Casanova no dudaban en atribuir propiedades afrodisíacas a las lechas o lechazas, es decir, a las bolsas de esperma de peces como arenques o carpas. Y lo mismo valía para los pistachos, el jengibre, la leche de camella o el vino de genciana. Hoy en día, el principal interés de estos productos radica en su carácter muchas veces insólito, de divertimento.
Mis recetas "afrodisíacas" tienen esa misma naturaleza: son pequeñas dosis de placer, como esos placeres de la vida de los que habla Philippe Delerm, y que van desde el olor de las manzanas hasta el sabor de un buen cruasán en el desayuno de los domingos.
Santi Santamaría - Palabra de cocinero

Los arroces
En Europa, sólo la cocina italiana tiene una cultura del arroz propiamente dicha, pero en ningún caso puede competir con la española. Es evidente que el arroz es la base alimentaria de buena parte del mundo, pero en ocasiones ilimitadas Earth "paisajes de fondo" para sabores más determinantes, cuando no alimento meramente energético, equivalente al pan. En España se ha desarrollado el arroz como ingrediente per se de una sabrosa gastronomía que se centra en lo que los tratadistas antes llamaban "Levante español" y que hoy habría que despedazar entre las diferentes autonomías que lo conforman o darle el nombre más ajustado de "Mediterráneo". Hay una cultura del arroz que se extiende de Málaga a Gerona y que en lo fundamental se divide en dos grandes reinos: la carne y el pescado. De carne es la paella auténtica, estrictamente de carne de pollo y conejo, con judías tiernas, bajocons, caracoles -si es la temporada- y un sofrito de ajo y tomate. Esta es la paella popular. Pero la paella no es todo lo que el español sabe hacer con el arroz, ni siquiera con el arroz de carne, porque a muchos kilómetros de Valencia, en Zamora, nos encontramos con un arroz a la zamorana que recuerda mucho a otro, espléndido arroz de carne a la valenciana, el arroz con fesols si naps (con alubias y nabos), que puede ser sólo de fesols y naps, pero también ir acompañado de nobles partes del cerdo, la ternera y el pollo o la gallina....
.....Menos legitimados, aunque no menos sabrosos, son los arroces de pescado a la catalana, algo caldosos y muy prósperos en las costas de Tarragona y Gerona. Suelen cocerse en cazuelas cóncavas de hierro colado o aluminio grueso, y tienen un punto de cocción muy diferente del arroz de paella. El arroz cocido en la paella es más entero, el hecho en la cazuela tiene el corazón entero, pero una cierta blandura en los bordes que nunca debe llegar a ser blandura total.
No hay que olvidar dos arroces modestos, pero sublimes, como son el de bacalao y el vegetal. El primero suele complementarse con habichuelas o patatas y requiere la contribución de la ñora y la mejoría del ajo tierno. En cuanto al segundo, tiene su mejor patria en la huerta murciana y se basa en las verduras del tiempo, sean las que sean, pero agradece, sobre todo, la judía tierna, la acelga, el brócoli, las habas y los guisantes. Los catalanes del interior hacen espléndidas cazuelas de arroz de conejo y costillas de cerdo, también ligerísimamente caldosas.
Manuel Vázquez Montalban - Contra los gourmets

Vamos hoy con una receta mestiza y supuestamente erótica, llena de sabores del Mar Cantábrico, lugar de procedencia tanto de las almejas, como de las algas, aglutinadora de culturas gastronómicas mediterráneas y niponas, arroces caldosos y sushis.

Grado de dificultad : Contar las notas que pulsan Chick e Hiromi.

Ingredientes para dos personas:



Arroz bomba

- 200 gr.de arroz bomba
- 300 gr. de almejas



Ingredientes principales

- Un puñado de algas Wakame deshidratadas
- 1/2 pimiento verde
- 2 dientes de ajo
- La parte blanca de 2 cebolletas
- 1 copa de vino blanco seco
- 600 gramos de agua
- Las espinas y la cabeza de una merluza o de cualquier otro pescado blanco (1 pastilla de concentrado)
- La parte verde de 2 cebolletas
- 1 puerro
- Un puñado de perejil fresco
- Un chorro de aceite de oliva virgen
- Sal y pimienta al gusto

Manos a la obra:
1 - Poner a Chick Corea e Hiromi Uehara jazzeando el Concierto de Aranjuez.

Las algas Wakame rehidratadas
2 - Rehidratar las algas durante 15 minutos en agua con sal


Operación pochado
3 - Picar el pimiento, las algas, la cebolleta y pochar junto al ajo y el aceite de oliva a fuego suave durante 5 minutos.

El fumet
4 - Hacer un fumet con el agua de hidratar las algas, las espinas de merluza, un puñado de perejil, un puerro y la parte verde de 2 cebolletas (total 3 veces el peso del arroz).
5 - Una vez pochada la verdura añadir el arroz y rehogar el conjunto durante 2 minutos añadiendo el vino blanco.
6 - Reducir.
7 - Añadir el fumet poco a poco.

En plena ebullición
8 - Cocer durante 15 minutos o hasta que el arroz esté a punto, añadir las almejas y cocer el conjunto 2 minutos más.
9 - Servir en plato hondo, y a..................¡¡¡triunfaaaaaar!!!


martes, 15 de octubre de 2013

Bocartes al tandoori (curry rojo)


Los bocartes al tandoori

Una nueva cocina para una nueva sociedad

Buscando el origen de cuestiones que acabarán por cristalizar a finales del siglo XX es necesario remontarse a la Francia post-revolucionaria, a la desaparición del Ancien Regime y al nacimiento de un nuevo orden social. La cocina, hasta entonces una mera cuestión de subsistencia para muchos, salvo en aquellas contadas excepciones en las que el calendario imponía algún tipo de celebración, y restringida, en su faceta más elaborada, auna nobleza de muy escasa representatividad, pasa a ser ahora un símbolo más de las parcelas ganadas por una burguesía  incipiente y por esas crecientes clases acomodadas que la sacan de su retiro palaciego para hacer la suya.
Nace así el fenómeno del restaurante, más allá de la casa de comidas o de los alimentos ofrecidos hasta entonces en las paradas de postas.
La cocina profesional comienza poco a poco a convertirse entonces en un fenómeno extendido, en algo a lo que cada vez más sectores sociales tienen acceso y que, por lo tanto, tiene que adaptarse, dotarse de nuevas reglas y de nuevas fórmulas que le permitan sobrevivir en el contexto al que le toca hacerse.
Aquella cocina palaciega que no necesitaba ser rentable, despreocupada por los recursos económicos y que, por lo tanto, podía permitirse todo tipo de extravagancias, se convierte de pronto en un negocio y, como tal, se ve supeditada a las reglas del mercado ,a la rentabilidad y a la optimización de los recursos.
Es el momento en el que el restaurante contemporáneo cobra forma y en el que por primera vez algunos conocimientos culinarios se analizan más allá del simple recetario. No es casual que aparezca entonces la figura de Carême, uno de los primeros grandes nombres de la cocina post-revolucionaria, y que sea él quien proponga una primera sistematización que se convertirá, con el tiempo, en la base de la gran cocina francesa. En muchos aspectos Carême sigue siendo un cocinero del Antiguo Régimen, un artesano al servicio de casas reales y grandes banquetes de Estado, pero al mismo tiempo es capaz de entender la necesidad de proponer un orden, unas pautas que sirvan para regir esa nueva cocina profesional que se está forjando ante sus ojos.
Dando un salto temporal de unas cuantas décadas nos encontramos con el fenómeno de la restauración pública plenamente establecido y con una cocina francesa, basada por un lado en las diversas tradiciones regionales y por otra parte en la propuesta organizativa de Carême y sus continuadores, plenamente codificada. En ese contexto es en el que aparece la figura de Auguste Escoffier, quien en el cambio de siglo propone una actualización de las propuestas caremianas y, d ealgún modo, da lugar a un esquema de trabajo en la cocina del que todavía hoy continuamos siendo deudores.
Con Escoffier se acaba de codificar un sistema de relaciones sintagmáticas entre los diferentes elementos de un plato, una mecánica lógica de organización interna en la que producto principal, salsa y guarniciones se conciben como piezas combinables que, en pos de una optimización del trabajo en cocina, se estructuran de un modo tan efectivo que se impondrá en la actividad profesional a lo largo de todo el siglo XX.
De ese modo,con la actividad culinaria profesional plenamente conformada y con sus elementos de trabajo perfectamente codificados se entra en un siglo XX culturalmente convulso del que la cocina no permanecerá al margen.
Es cierto que en muchos sentidos gran parte de las revoluciones a las que se verá sometido el sector cultural tardarán en llegar a los fogones y que, cuando lo hagan, l oharán casi siempre matizadas ,al menos hasta épocas muy recientes, pero también es verdad que ya desde ese momento comenzará a haber intentos periódicos de entender la cocina como un fenómeno cultural más y, de algún modo, someter la a las peculiares normas de ese entorno

La cocina española y sus libros, de la transición a nuestros días
TONI MASSANÉS, JORGE GUITIÁN - Fundación Alicia


Cantabria no se discute

La entidad autónoma de Cantabria no está en discusión, aunque fue discutida. Para el centralismo, Cantabria es Santander y no otra cosa que el puerto de Castilla. 
Escribió Ferrán Agulló que Cataluña era una nación porque tenía una cocina. La cocina cántabra dispone de intelectual orgánico de lujo, fray Antonio de Guevara, que, en Menosprecio de Corte y alabanza de aldea, aporta filosofías sobre la operación de comer y un inventario de alimentos de la Castilla interior y de Cantabria. 
Dos escritores del XIX, Galdós y Pereda, fotografían la comida cántabra contemporánea: Galdós, en Cuarenta leguas por Cantabria, y Pereda, en sus novelas veristas y cantabrísimas. Censa Pereda las sopas de leche, el gallo en pepitoria, el arroz con leche, los bizcochos, los nabos de Reinosa, los limones de Cóbreces, el queso de Cabeceras, los "fisanes", el pan en rosco y las tortas, los pimientos morrones y choriceros. En cuanto a Galdós, un canario en Cantabria, se fija en las naranjas de Cóbreces, los jamones, los garbanzos, el queso y un chacolí de Liébana. 
Tanto en los platos de verdura como en los de carnes y pescados, parecido hay con lo que guisan los vecinos: con Castilla comparte los cocidos; con Asturias y el País Vasco, la cocina marinera. 
Pero la gastronomía cántabra tiene rasgos singulares. El referente de Guía del buen comer español, de Dionisio Pérez Post Thebussem, habla de cocina santanderina y cita un artículo de Julián Zugazagotia, escritor vasco, secretario de Negrín, exiliado en 1939 y devuelto por los alemanes a Franco para que lo fusilara. Zugazagoitia glosa el trato de la anchoa en Santander y Post Thebussem pasa a un somero inventario de la cocina del lugar: anchoas a la salsa amarilla, sopa montañesa, roscas de Reinosa, sardina o lubina a la cantábrica, habas a la montañesa, y especula sobre guisos de bonito o atún, tan vascos como cántabros. De las especialidades santanderinas censadas casi todas sobreviven en los recetarios, salvo los caracoles a la Santoña, como no sean los caracoles a la Navidad, receta de caracoles guisados con pimientos choriceros, guindilla, jamón y nuez moscada, y se le añade arroz para que cueza todo en la complicada paz de la cazuela.”

Manuel Vázquez Montalbán

Pues hablando de anchoas, o lo que es lo mismo, bocartes, vamos hoy con una receta que mezcla la calidad insuperable de los bocartes cántabros con el tandoori, una especie hindú también denominada curry rojo que aporta unos toques aromáticos de sumo interés. Como la costera del bocarte este año ha sido generosa, tanto en calidad como en cantidad,  esta temporada nos podemos permitir el lujo de disfrutarlos de múltiples y experimentales modos.

Grado de dificultad : Convencer a los ultraortodoxos de la Cofradía del bocarte

Ingredientes:


Las "perlas" cántabras
- Bocartes (anchoas, boquerones) del Cantábrico
- Sal y pimienta al gusto
- Harina
- Aceite de oliva virgen
Tandoori (curry rojo)
- 1 cucharada de tandoori (curry rojo)

Manos a la obra :
1 - Poner a Chick Corea y Stefano Bollani jazzeando el Concierto de Aranjuez del maestro Rodrigo.
2 - Limpiar los bocartes en agua helada con sal manteniendoles sumergidos durante 5 minutos para eliminar la sangre residual.


Operación tandoori
3 - Secar, salpimentar y mantener rociados con tandoori otros 5 minutos.


Operación enharinado
4 - Enharinar suavemente.


Operación fritura
5 - Freír en abundante aceite de oliva caliente durante 30 segundos y escurrir sobre un papel absorvente.
6 - Servir, y a.........¡¡¡triunfaaaar!!!


martes, 31 de julio de 2012

Albóndigas de verdel (sarda)

Verdeles (sardas o caballas) del Cantábrico
El verdel es un pescado azul conocido también con el nombre de sarda, caballa o verta. Es muy apreciado por su sabor y por la consistencia de su carne. Al igual que el atún y el bonito, el verdel pertenece a la familia de los Escómbridos. Su vida es muy similar a la del chicharro llegando a medir 50 cm. Se presenta y prepara como él y puede utilizarse en todo tipo de recetas incluyendo el marmitako.
Os propongo ésta receta sencilla en forma de albóndigas.

Grado de dificultad : Saber lo suficiente de geometría cómo para dejarlas redondas sin pasarse, de manera que nadie piense que son industriales.

Ingredientes:

Para las albóndigas
- 500 gr de verdel limpio de espinas y piel
- 50 gr de miga de pan remojada en leche
- 1 huevo o 2, dependiendo del tamaño
- sal al gusto
- un pellizco de pimienta negra o blanca
- idem de hinojo
- idem de perejil picado 
- un chorro de vino blanco seco

Para el rebozado
- 2 huevos
 - harina
- aceite de oliva virgen

Para la salsa
- 2 dientes de ajo
- 1/2 cebolla picada
- aceite
- caldo de pescado
- quindilla al gusto
- 4 cucharadas de salsa de tomate
- 1 chorro de vino blanco seco

Manos a la obra:

1 - Poner a Keith Jarret y Chick Corea interpretando a Mozart
2 - Limpiar bien los verdeles de espinas y pieles, aprovechando junto con las cabezas para hacer un poco de caldo. 
3 - Desmenuzar la carne del pescado en trocitos ponerla en un bol. Añadir el diente de ajo muy picadito, los huevos, la sal, la pimienta, el perejil, el vino blanco y la miga de pan remojada en leche bien escurrida.
4 - Amasarlo todo concienzudamente y formar bolas teniendo cuidado de que queden blanditas (con el fin de evitar posteriores pelotas duras y secas). Pasarlas por harina, huevo batido y freírlas ligeramente en aceite bien caliente, reservar.
Aspecto de las albóndigas fritas
5 - Para la salsa, hacer un sofrito de ajo, cebolla picada. 
6 - Añadir el tomate, el caldo de pescado, el vino blanco, y al cabo de unos minutos pasar por la batidora. 
7 - Corregir de sal y si la salsa estuviese demasiado líquida, incorporar una cucharada de harina de maíz con objeto de mejorar textura. 
Aspecto final de la receta
8 - Incorporar las albóndigas y dejar cocer todo junto unos minutos. Al final poner otro poco de perejil picado, servir y a......triunfaaaar.