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sábado, 4 de mayo de 2013

Ensalada de jamón de pato


Aspecto de la ensalada
LA VERDAD SOBRE EL ACETO BALSÁMICO

Para empezar, entendamos que el aceto balsámico existe desde la Edad Media y es una de esas perlas que han hecho de Italia una ostra gourmet abierta al mundo. Se venden de a cien deliciosos mililitros en botellas con forma de foquito de luz que traen en su interior unas 2000 gotas de este elixir negro y profundamente aromático.

El buen aceto balsámico es un manjar dulce y viscoso como la miel, aunque refinadamente ácido, con una aromática penetrante y perfumada. Su sabor e intensidad singulares son el resultado de un largo proceso de producción artesanal, que demanda un mínimo de doce años, y del que se obtiene poco menos de tres litros por cada 100 kilos de uva molida. De ahí su precio y su consumo exclusivo.

En toda la región de Reggia Emilia se producen sólo 6000 litros al año, por lo que es evidente que la demanda mundial de productos gourmet supera por mucho a la oferta. Esa brecha es la que llenan émulos y emulitos de los grandes acetos. Una camada de productos industriales que, con el nombre de vinagre balsámico –como se lo conoce en Estados Unidos- o aceto balsámico –como le decimos aquí, cubre el amplio espectro que va de la calidad dudosa a la aceptable, aunque por su bajo precio pareciera suficiente para el paladar medio.

EL SECRETO DEL ACETO ITALIANO

Comparar el aceto con el vinagre es como comparar un aceite de oliva extra virgen con uno de girasol o de maíz. Son dos mundos que no se tocan, aunque comparten los usos y tengan la misma acidez. Mientras que el vinagre se obtiene de la descomposición bacteriana del alcohol, el aceto es el resultado de la lenta conversión del jugo concentrado de uva en aceto, causada por una mínima actividad bacteriológica a lo largo de los años. Por eso el resultado demanda tiempo, y se presenta al paladar como un líquido negro de expansión perezosa, con una cálida y a la vez refrescante nota de mermelada de uva.

En Italia, esa transformación se produce en los Acetifici (acetificadores) autorizados, cerca 500 establecimientos familiares en la zona de Reggia Emilia, en los que hay dos elementos claves: damajuanas grandes de vidrio y baterías especiales de barricas. En las primeras, el jugo de uva concentrado pasa el invierno; mientras que en las baterías estará poco más de una década convirtiéndose en aceto. Año a año cambia de barricas en el siguiente orden: primero roble, con capacidad para 50 litros, y luego irá achicando el tamaño entre barricas de cerezo, enebro, fresno, morera y castaño, de la que saldrán 15 litros del más perfecto aceto tradicional. Sin estos elementos es imposible hacerlo ya que cada una de las maderas le otorga el carácter balsámico al aceto. El dato es que una batería puede costar hasta 3000 euros y sólo se consigue en Italia. 

Los triglicéridos un desastre. Desastre relacionado con la subida del azúcar, estar al otro lado de la frontera del colesterol malo, y a este lado del colesterol bueno. No hablemos de los lípidos. Si no se enmienda es usted una bomba suicida de relojería

Manuel Vázquez-Motalbán - El balneario

Una vez asumido que los ciudadanos de a pie empleamos sucedáneos para algunas de nuestras ensaladas, y que el verdadero aceto queda solamente al alcance de banqueros y políticos, arranquémonos hoy con una ensalada de jamón de pato (que tampoco es jamón sino pechuga), que entusiasmará a hipsters y otros urbanitas de última cosecha.

Grado de dificultad : Apto para pijos y megamodernos

Ingredientes:
- Jamón de pato
- Ensalada mixta de brotes
- Piel de mandarina cortada en tiras finas
- Aceite de oliva virgen
- Aceto balsámico
- 1 cucharada de mostaza de Dijon
- 1 pellizco de sal Maldon
- Pimienta negra o blanca

Manos a la obra:

1 - Poner a Musica Nuda jazzeando a Bach.
2 - Cortar las tiras finas de piel de mandarina habiendo eliminado con paciencia la parte blanca amarga interior.
3 - En un bol o ensaladera disponer los brotes, el jamón de pato, las tiras de piel de mandarina.
4 - Echar en un frasco de conservas vacío, un chorro de aceite de oliva virgen, otro de aceto balsámico y la mostaza, cerrar el frasco y sacudirlo enérgicamente hasta que los ingredientes del aliño se mezclen homogéneamente.

Operación aliño
5 - Aliñar la ensalada teniendo en cuenta el dicho que reza : Un generoso con el aceite, un tacaño con el vinagre, un sabio con la sal y un loco para remover, por lo tanto espolvorear la pimienta y la sal Maldon, remover como locos, servir, y a......... triunfaaaaaaar.

sábado, 27 de abril de 2013

Alcachofas con almejas


Aspecto final de la receta


Historia de la casa Arzak por D. Juan Maria Arzak

La historia del Restaurante es también, hasta dónde alcanza mi memoria, la historia de mi familia. La casona fue construida en 1897 por mis abuelos, José María Arzak Etxabe y Escolástica Lete, para ser una bodega de vinos y taberna en el pueblo de Alza, ahora perteneciente a San Sebastián. Muchos de mis primeros recuerdos transcurrieron aquí. Siguió siendo una taberna hasta que empezaron a regentarla mis padres, Juan Ramón Arzak y Francisca Arratibel. Juntos dieron al local un gran empuje como casa de comidas. Su esfuerzo y su buen hacer al frente de los fogones no pasaron inadvertidos. Poco a poco se fue extendiendo el rumor de que en el Alto de Miracruz, también llamado Alto de "Vinagres", se comían guisos deliciosos. El restaurante adquirió una gran notoriedad y se especializó en banquetes para celebraciones familiares.
Mi padre murió en mayo de 1.951, cuando yo tenía 9 años. Mi madre no se desmoronó, siguió luchando y trabajando sola. Continuó mejorando la calidad de los banquetes adquiriendo un gran prestigio. Llegó a tener tanta fama que los novios adecuaban la fecha de la boda al día que mi madre tenía sitio en el restaurante, y lo mismo sucedía con los bautizos y las comuniones.

En 1.966, después de haber finalizado mis estudios en la Escuela de Hostelería, el Servicio Militar y mis prácticas en el extranjero; empecé a trabajar en el restaurante. En principio me especialicé en la partida de carnes asadas al carbón vegetal. Mi madre fue una maestra paciente y constante. Ella fue quién paso a paso me reveló los secretos de la gastronomía. La curiosidad y las ganas de seguir aprendiendo hicieron que comenzase a trabajar en platos de creación propia.
Poco tiempo después, en 1.967, Maite Espina entró a formar parte del restaurante. Juntos seguimos progresando y mejorando el establecimiento. Ella aportó, y sigue aportando, su talento en cuestiones muy diversas como el servicio de sala, el estilismo, la decoración y la administración. Yo fui evolucionando dentro de la cocina vasca, fui incorporando nuevos elementos, hasta crear, a partir de ésta, mi propia cocina. En esta aventura de renovar y actualizar la cocina vasca, sin perder de vista la tradición, participaron también otros grandes cocineros.
Conforme crecía el restaurante, la familia también fue aumentando. Tenemos dos hijas, Marta y Elena.
A partir de mediados los 70 comenzamos a recibir premios y distinciones que refrendaban nuestros esfuerzos por convertir el Restaurante Arzak en un punto de referencia de la gastronomía nacional e internacional. Así, en 1.989, recibimos la anhelada tercera estrella de la prestigiosa Guía Michelin.
Elena ya está plenamente implicada en el día a día del restaurante. Aún así sigue ampliando su formación. Está preparada para llevar el restaurante y continuar con esta dura tarea. Ya se puede apreciar su mano en los cambios que va incorporando la carta. Es la cuarta generación de esta familia dedicada a la hostelería y apasionada por la buena cocina.
Fuente


La mitología cuenta que el dios Júpiter se enamoró de Cynara una chica rubia (rubio ceniza) guapísima, que le rechazó y para fastidiarla decidió transformarla en Cynara Scolymus: en alcachofa.
Como también se cuenta que posee propiedades afrodisíacas, por si acaso vamos hoy con una receta de alcachofas y almejas. ¿Alguien da más?

Grado de dificultad : No apto para personal de "sangres calientes"

Ingredientes:

- 6 alcachofas cocidas, frías y cortadas en cuartos.
- ½ Kg de almejas de Pedreña o en su defecto las que tengáis a mano.
- 2 dientes ajo picado.
- 1 vaso de caldo de pescado o en su defecto una pastilla de concentrado.
- Un chorro generoso de aceite de oliva virgen.
- 1 puñado de perejil picado.
- 1 cucharada rasa de harina.
- 1 chorretón de vino blanco seco.
Alegría, alegría....
- 1 pizca de cayena.
- Sal y pimienta al gusto

Manos a la obra:
1 - Poner a Musica Nuda jazzeando el "While My Guitar Gently Weeps" de George Harrison

Coetadas y cuarteadas
2 - Cocer las alcachofas una vez limpias, cortarlas y reservar.


La base del sabor
3 - En una cazuela rehogar el ajo picado y la cayena en el aceite. Cuando comienza a bailar, sin dorarse, añadir la harina y revolver con una cuchara de madera.
4 - Verter el vino blanco y reducir. 


En plena faena
5 - Añadir el caldo de pescado y dejar arrancar un hervor. Agregar un poco de perejil antes de añadir las almejas. 
6 - Mantener las almejas en el fuego justo hasta que se abran, apartar una a una según vayan abriendo y reservar
7 - Introducir en la salsa las alcachofas y dejar que hierva suavemente unos cinco minutos para que se calienten, a poder ser cubiertas.


Una, dos y ......
8 - Disponer las almejas por encima, dar unas vueltas, espolvorear con perejil picado y ya fuera del fuego añadirle un chorrito de aceite de oliva virgen.
9 - Servir y a.......triunfaaaaar